viernes, julio 07, 2017

El amor en los tiempos de un veterano. Houellebecq y la "Configuración de la última orilla"

Sus versos son gélidos, cáusticos, sutiles y provocadores sobre la crisis civilizatoria, la vasta soledad existencial y la fina tristeza de los años que preceden de forma inmediata a la muerte, cuando la suerte está media echada en un futuro necrológico.
Sorprende Houellebecq y su ácido malestar cultural donde asoma un dolor sordo, hostil, una visión desolada. La sociedad es fría. No te da la oportunidad. Estás sentenciado. La gente está desencantada.
Sorprende Houellebecq con su poesía existencial y pesimista y su romántico animal salvaje que enfrenta la hipocresía cultural de la sociedad; sociedad que, según sabemos, no es para viejos, (ni para niños).
Poemas breves como un fuego gélido que sale de la boca de un golem.
Estamos enfrentados, cara a cara, a un apocalipsis de soledad absoluta. La desolación, el lado oscuro de lo ya vivido y que ya no volverá, conscientes que estamos definitivamente solos; repito: total y absolutamente solos. No hay quitapesares. Vivimos en la mitad de la derrota y del caos sin salida. Uno se conforma a la tristeza y al vacío donde poco a poco todo pierde sentido. Ni aún el sexo, ni las vicisitudes del orgasmo domesticado es una liberación a cierta edad. Más bien se convierte en ¡uh! otro triste naufragio.
Sorprende Houellebecq con su aire de Rimbaud. También con la actitud del sueco Clemens Altgard y su libro No-Muerte; estamos No-Muertos, estamos cercanos al final y frente a lo cual la salida es escarbar en los restos de las viejas vanguardias.
Después de haber sido el rey de la bohemia, ya se terminaron los sueños, el amor, las luces, los castillos y las esperanzas de la gloria.
Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento. Pero a pesar de todo nos queda, paradoja, el sufrimiento. Ya no hay razón, sólo corazón.
¿Habría que aceptar las cosas tal cual vienen?
O aférrate al amor, a la religión, a las drogas o a cualquier faro o luminaria gurú. Aférrate si quieres, veterano, disimula un rato tu fracaso y sufrirás al otro día la resaca de un mal vino búlgaro.
Sorprende Houellebecq con su negación en las páginas de su libro: aférrate si quieres, pero ningún cirio encendido te salvará de la desesperación que te espera, veterano, en los tiempos que preceden a tu muerte.
Sorprende Houellebecq con su pesimismo radical y esta poesía para infortunados.
Sorprende Houellebecq con su poesía que contrasta con la autocomplacencia de mucha de la poesía anodina que se publica actualmente y que parece tontamente ensimismada e irrelevante. Palabras corruptas que chapotean en charcos de insolvencia. Libros sostenidos en una telaraña de una deprimente maraña de indolentes reseñas por encargo. Pero no es sólo la culpa del del comercialismo, también es la fatuidad de la enorme pobreza cultural. Impertinencias basadas en el miedo, la turbación a decir con palabras nuevas, la aprensión al castigo de una sociedad enferma de control y sin empatía con la gente. La sociedad es fría y no les da la oportunidad a esos poetas agrupados como pulgas de agua en un acuario, no les da la oportunidad de pensar distinto. ¿Para qué escribes esos libros si estás preso en ese acuario de miedo?
Escrito por un cabrón
Leído por cretinos.
Ecrit par un salaud
Et lu par des crétins